25.2.07


Lo imprevisto

Los grandes equipos suman lo positivo en todas las situaciones. Aún en donde la mala suerte es tan evidente y parece que sólo hay lugar para la bronca sin límites, tenemos la posibilidad de refor-zar nuestro espíritu sacando provecho de la experiencia vivida. Está bien, expulsemos ese sentimiento que nos provoca la injusticia del resultado contra Colón. Las seis pelotas en los palos parecen ser un karma que nos vuelve triplicado por las dos que tuvimos a nuestro favor contra Gimnasia de Jujuy. Recuerdo que algo similar nos había ocurrido en el campeonato pasado contra Chicago: ese día habían quedado dudas de si Verón se merecía la roja y en el posterior partido contra Vélez lo echaron y por si fuera poco también a Pavone.

Llovió mucho el viernes en el Estadio Único y fue un partido que merecimos ganar claramente. Fue el mejor de los tres y sin embargo no nos llevamos los tres puntos. Falcioni declaró: "el campeonato pasado este tipo de partidos los perdíamos por goleada". Nosotros los ganábamos. No pudo ser y no hay que lamentarse. Como decía: siempre tenemos cosas por rescatar y estamos a tiempo de aplicarlas en el torneo para poder acceder al bi. El dato interesante es que seguimos con la racha de invictos que se extiende a dieciséis partidos seguidos. Lo otro, como sabemos, es que nuestros artilleros siguen vigentes: Caldera y Pavone tienen el hambre intacto. El equipo mejoró muchísimo; la hinchada, fiesta loca bajo la lluvia. Fue mala leche, nada más. Contra Belgrano vamos a tener la posibilidad de recuperar puntos perdidos, tranquilos.

Lo central del argumento que quiero compartir con ustedes es lo siguiente. El punto del viernes nos sirve de mucho si podemos aprehender una lección importantísima. Es posible planificar hasta lo más ínfimo, podemos practicar el plan y ejecutarlo a la perfección. Pero siempre hay contingencias, imprevistos que se filtran y pueden voltear la estructura que armamos. ¿Quién podía prever que íbamos a estrellar seis tiros en los palos? Es impensable. La lección que tenemos que llevarnos para reflexionar durante la semana es que hay que tener la capacidad y la flexibilidad para modificar sobre la marcha lo que tenemos programado. Los planes no son estructuras rígidas, sino moldeables a nuestra conveniencia. No hay contradicción, no quiero borrar con el codo lo que escribí con la mano; soy consciente de que insistí en la necesidad de un programa riguroso, pero a ello hay que agregarle la sutileza, la sorpresa, la brillantez, la capacidad de cambio instantáneo.

La mentalidad fuerte, firme, con el objetivo claro; y el cuerpo duro, rígido para el combate, trabajado en el ejercicio de la disciplina. Pero también la liviandad necesaria para el vuelo, para sacar de la galera la magia para superar esos problemas que se nos vienen encima y no los teníamos en los papeles. Pasó esto y puede pasar mucho más, hay que estar preparados.

Al Cholo como conductor del grupo le cabe una responsabilidad mayor. Es un tipo inteligente, vivo; lo demostró en el campeonato pasado con sus lecturas acertadas de los distintos partidos, con los cambios repentinos de táctica. Bilardo decía que el jugador de fútbol debía estar preparado para jugar en cualquier puesto y ante cualquier situación. El técnico eso lo sabe y también sabe que tiene un equipazo. Hay un recambio de una gran riqueza para dar vuelta partidos, se puede jugar con distintos esquemas dentro del mismo juego. Lo que debe quedar claro para todos, y esto el Cholo lo maneja, es que una situación como la del viernes no te puede tirar abajo todo lo que venís trabajando desde principios de año.

Hay que reinventarse, renacer con un ánimo renovado. Vamos a enfrentar a Belgrano como un ejército aguerrido pero con la suavidad necesaria para atravesarlo todo. Cuando se nos cierran con dos líneas de cuatro en el fondo como lo vienen haciendo todos los equipos hasta ahora, tenemos que seguir el ejemplo del agua cuando horada la piedra. La lluvia del viernes fue un signo, apareció para señalarnos que nuestro espíritu también tiene que ser blando para superar los imprevistos, porque si no, ante un golpe nos quebramos en mil pedazos.

La noche y el día, la luna y el sol, el ying y el yang en un espíritu rojo y blanco que busca el bi.

21.2.07

Enfoques

Visto el panorama desde una óptica cenital, como si tuviéramos una de esas cámaras que utilizan los directores de cine para mostrar toda la escena desde arriba, la situación parece estable. Ya pasaron varios días del partido con los jujeños en su propia casa, fueron noventa minutos muy sufridos en donde nuestro travesaño sacó una de las mejores calificaciones. Pasó cierto tiempo, ya muchos dieron sus apreciaciones. El Cholo, la Bruja, los bloggers pincharratas en general coincidieron en la importancia del punto que trajimos a La Plata, se anuncia que cuando no se puede ganar por lo menos no hay que perder. Que no siempre se puede jugar bien y que hay que pelar el oficio del campeón para aguantar y regular los partidos. Y sobre todo, se bancó la racha: llegamos a quince partidos invictos con trece ganados y sólo dos empates.

Escribía; pasado un tiempo la situación se nos presenta estable y eso no es poco. Hagamos foco en eso. Podríamos desesperarnos y visualizar lo apagados que estuvieron el Principito y el Chino, el director de la película podría caer en la desolación y ubicar su lente en la ceguera del Tanque o en el estatismo de Caldera. Los oportunistas que nunca faltan podrían poner en primer plano la suerte que tuvimos, la falta de juego colectivo y tantas otras cosas. Ya se dijo mucho y no hace falta redundar, esas son las ventajas de escribir en frío.

Los enfoques posibles son múltiples, se trata de decisiones acerca de cómo mirar el mundo. Es el poder para observar con nitidez un segmento posible en detrimento de otro. Un segmento que nos convenga, claro está, un segmento funcional a nuestro plan maestro.

La funcionalidad implicará necesariamente una mirada al pasado en donde podamos extraer conclusiones que sirvan: en dónde nos equivocamos, qué podemos mejorar, qué hay que cambiar, qué hay que reivindicar. No nos olvidemos, hay piezas importantes que siguen andando bien: el Chapu y Sebastián hicieron buen partido, no se cayeron.

Por un lado se dice que el campeón se vino abajo y por otro, zafamos un puntito. El equilibrio es estar parado sobre una línea recta y mirar hacia atrás y hacia adelante en una mirada abarcativa de ciento ochenta grados. Que la retrospectiva sea una lección para aprender a partir de la cual podamos ajustar los errores que fueron apareciendo en estas dos primeras fechas, y que la prospectiva sea un mapa de operaciones para seguir aplicando al pie de la letra la planificación ideada a principios de año.

Son decisiones, en definitiva es eso. Adoptar un enfoque por sobre otro. Decidir si vamos a permanecer estigmatizados por el pobre juego que hicimos el sábado o si emprendemos con todo, como lo hicimos en el glorioso campeonato pasado, un partido importantísimo como el que tenemos contra Colón el viernes. Y aquí, si me permiten, un paréntesis: nuevamente –sugestivamente- nos dejan sin la televisación; lo que estaba previsto como un partido a jugarse a las nueve de la noche por televisión abierta pasó a las siete codificado. Las conclusiones se las dejo a ustedes.

Pero escribía: con Colón nos jugamos tres puntos fundamentales. En principio porque la localía en el Único nos está haciendo inexpugnables (a nosotros, queda claro, los otros que juegan de locales ahí no tienen problema en perder en todos lados) y hay que ratificar esa condición que nos hace temibles. Luego porque un triunfo nos permitiría seguir en el pelotón de arriba junto a los que a priori podrían ser nuestros rivales en la consecución del bi. Y en cuanto a la planificación, desde un punto de vista estadístico, es importante no perder el promedio de puntos que hicimos el campeonato pasado. En comparación sacamos dos puntos menos, hay que ganar los que ganamos y tratar de recuperar puntos con los que empatamos. Tenemos una buena oportunidad contra Belgrano, Boca, Banfield y Central. Ahí tenemos que hacer la diferencia, pero de nada serviría ganar esos partidos si no ratificamos lo hecho anteriormente. Alguien dijo que lo difícil no es llegar sino quedarse. Y ojo, Colón creció muchísimo, es una medida exigente para saber en qué punto estamos, para saber si el plan marcha de acuerdo a lo pensado o si debemos hacer abruptos cambios.

Lo importante es que la Dimensión Pincha permanece estable, hubo turbulencias pero mantuvimos la nave firme; es el producto de una gran madurez del equipo y de la institución toda. Debemos tener la serenidad y el equilibrio para decidir por un enfoque justo, preciso y que sea funcional a nuestro plan. Hay cosas por mejorar y por cambiar, pero no hay que caer en alarmismos sin sentido. Tenemos razones para ser optimistas y seguramente las podremos ver en los siguientes partidos. Optimistas; críticos, moderados, pero optimistas.

14.2.07


Convencidos de lo que somos
Cualquier cosa podía pasar. Era seguro, pero sabemos que en fútbol lo seguro pende de un hilo. Atravesamos el primer tiempo con un surco de sudor frío que nos corría por la espalda, reconozcámoslo. A ver si estos que salieron últimos en el Apertura 06 nos vienen a sacar un empate a nosotros que fuimos los campeones, o peor aún, con un contraataque maligno se podían ir festejando un triunfo inmerecido. El que haya escuchado al Coco Capria agrandado porque venían de punto, seguramente se habrá dado cuenta del agrande de Quilmes antes de empezar el partido. Todos le quieren ganar al campeón.
Nada de esto pasó, los que festejamos fuimos nosotros y agregamos tres puntos más a nuestra espectacular cosecha de campaña. Sucedió la lógica: somos fuertes, somos contundentes, cuando apretamos el acelerador es difícil frenarnos. El lunes a Quilmes los medimos primero, luego los embocamos y al final los liquidamos. Y a otra cosa.
El paso siguiente es Gimnasia de Jujuy de visitantes. Va a ser duro, no como el primer partido. Ellos en su cancha son sólidos, te atacan y con el apoyo de su gente todavía más. Es interesante pensar la estrategia del Cholo y su equipo: el día a día no es una frase hecha; ya pasó Quilmes, los superamos en todos sentido, y ahora hay que poner las miras en el Lobo jujeño. Hasta ahí.
Prefigurar a los rivales de a uno los hace más vulnerables. Es detenerse un instante frente a ese escollo y concluir en que se les puede ganar, y al final se les gana. Así logramos los diez partidos al hilo el año pasado, así le sacamos del bolsillo el campeonato a Boca. Es una fuerte convicción sobre lo que es el equipo, y eso genera temor en los rivales.
Creo que ese es el plus que nos da la experiencia de campeón. Antes, lo común era que si hacíamos un partidazo contra Vélez, luego hacíamos otro mediocre contra Argentinos y nos terminábamos perdiendo en la intrascendencia. Ahora los pasos son seguros, contundentes; se avanza en función de un objetivo, con un programa de acción, a partir de una minuciosa y cuidada planificación deportiva. Como decía, todo esto genera una reacción en los demás equipos: los más chicos se terminan apichonando como le pasó a Quilmes, y los más grandes operan para ningunear al campeón.
El ninguneo ya está pasando de castaño oscuro. Más allá de las operaciones discursivas típicas de las corporaciones, aquellas que fueron señaladas en el post anterior, ahora se están metiendo en temas más delicados. El transfer para la habilitación de Sebastián Domínguez no llegó a tiempo y ahora parece que tampoco lo hará para la segunda fecha; me pregunto qué habría sucedido si esto le pasara a Boca y a River, con seguridad un escándalo nacional. Le pasa a Estudiantes y nadie se mosquea, ni la AFA ni la FIFA están haciendo mucho por encontrar una solución; los tránsfugas con los que se negoció parecen que se están vengando por una operación que no se pudo hacer y usan esto como extorsión.
Lo otro para decir es sobre la bronca que me dio que al gran campeón no lo televisaran, parece ser que estamos por fuera del negocio, que sólo valen Boca, River y sus millones. Ya sé que a esta altura es una verdad sabida y es ingenuo plantarse contra este tipo de situaciones. Pero desde el punto de vista deportivo Estudiantes demostró que es más que los dos grandes y merece un lugar. No es una cuestión económica, sino de respeto.
No queda otra que seguir avanzando, cumpliendo cada una de las fases del plan. Si no llega Domínguez, su lugar queda bien cubierto por Mosquera, aunque algunos medios le dieron duro, creo que da seguridad en la defensa. Por supuesto que prefiero al zaguero titular, pero hay que estar tranquilos por el gran recambio que tenemos. El resto del equipo está muy armado, el Chino nos está haciendo olvidar de Galván y el Chapu está cada día más enorme. Las grandes estrellas siguen resplandeciendo, la Brujita pensando y leyendo el partido en todo momento, Caldera eterno, vigente como siempre y mojando, que es lo más importante. El Tanque es un arma mortal, es el instrumento de intimidación para los rivales. El tipo es como un taladro, insiste hasta que al final deja el agujero hecho. El equipo todo sabe a que juega, está convencido de sí mismo, sabe cómo ganar y lo hace. Por ahora vamos bien.

10.2.07


El plan

Como decía la canción, volver a empezar. Ya pasaron casi dos meses desde que ganamos el campeonato. Ya pasaron los festejos, los banderazos, los amistosos, las caravanas a Córdoba y a Mar del Plata, la vuelta olímpica, la preparación, y ahora estamos esperando un nuevo campeonato.
Tan rápido pasó todo, casi no hubo tiempo para disfrutarlo que ya estamos a la expectativa de volver a jugar por los puntos. Con los candidatos de siempre, los poderosos y su marquesina. Passarella que no quiere el título de favorito, las encuestas que ponen a Boca y a River en las preferencias de la gente. Los grandes diarios que ilustran con las fotos de los clásicos cinco grandes, aunque no quede muy claro el por qué de su status.
El Pincha, el último campeón se ganó su lugar, no lo discutimos, se lo ganó a puño limpio. Pero más allá de ese notable hito, actualmente su nombre resuena como un recuerdo lejano, como un error del sistema que cada tanto sucede, como aquello que cambia para que nunca nada cambie. Esa es la idea que se intenta transmitir desde el mainstream. Y mejor así.
Los que somos de Estudiantes tenemos en claro que siempre vamos a ser un equipo humilde. Y esto no es reivindicar una retórica de la pobreza, sino una realidad. Nadie quiere el lugar del capanga ni del guacho pistola; peleamos y demostramos lo que tenemos que demostrar donde sea y con quien sea, pero hablar al pedo no es de pincha. Va a ser duro sacarnos el título, pero me parece bien que los jugadores declaren con un perfil bajísimo, aún más bajo que en el torneo anterior. El Cholo se hizo invisible y referentes como la Brujita y Caldera ponen paños fríos en todo momento. La gente festeja, nadie nos va a quitar ese derecho ni en cien millones de años, pero bien sabemos que no tiene sentido boquear.
Que se maten entre ellos y nosotros disimulados entre el pelotón intrascendente. Con la chapa de campeón y también con esos fantasmas que nos quieren adosar desde todos lados: se van a llenar de presiones, ya es un equipo conocido, no van a tener sorpresa, nos dicen. Y que digan.
Agazapados nuevamente, como el tigre ante su presa. Con un equipo afiladísimo que tuvo pocas bajas; dos, que las vamos a sentir. Galván y Ortiz fueron dos baluartes en el equipo anterior, creo que la del Tano fue una buena venta, pero con la Pantera se podría haber hecho un esfuerzo para retenerlo. Ya escribí sobre esto en un post anterior y considero que es tema superado. Llegaron tres refuerzos de calidad y me parece que van a reemplazar bien a los que se fueron, aunque el equipo va a cambiar.
Este es un tema importante: el equipo indefectiblemente cambia. Es imposible pensar en un esquema de fútbol como el que tuvimos el año pasado, más alla de que -descarto- los jugadores que siguen mantengan su nivel. Por un lado hay dos jugadores que se van y sus reemplazantes van a proponer un juego distinto. Es cierto que Domínguez juega parecido a Ortiz y se complementa tan bien con Alayes como lo hacía el otro zaguero, y que al parecer el uruguayo Vázquez tiene un estilo dinámico como el de Galván; son similares pero no son lo mismo. Y por otro lado hay un proceso que no se puede detener y es el empuje que vienen metiendo los pibes de las inferiores. Hace rato que no tenemos una cantera como la de ahora; ya no son promesas, son realidades que constituyen una alternativa real para el equipo.
De los juveniles que están surgiendo, sólo me voy a detener en tres: Saucedo, Piatti y Pirchio. El Chicho ya demostró que va a ser el sucesor del Chapu, ese es un puesto con mucho roce y con carga de amarillas y rojas, el Apertura 06 nos enseñó que hay que tener recambio en esa zona y el correntino es número puesto. El cordobés Piatti fue clave con ese golazo a Newell´s el año pasado y en este campeonato creo que va a demostrar mucho más, es muy parecido a Sosita y algunos periodistas ya están diciendo que es el nuevo Messi (mesura, por favor). Pirchio es un jugador que me encanta, lo ví en reserva y es imparable, hay que darle minutos en cancha y vamos a tener al reemplazante del Tanque, sólo pido paciencia y oportunidades para él, acuérdense de lo que eran Pavone y Palermo al principio. De Sarmiento prefiero no hablar, es muy pibe y lo mejor es que todavía se siga divirtiendo con la pelota, más adelante veremos.
El cambio es irrefrenable. El tiempo es un proceso de cambios e ignorarlo o luchar contra eso nos va a implicar problemas. Aceptémoslo, movámonos con él y algo va a ocurrir, seguro. Sólo necesitamos paciencia y orden.
Orden fue lo que tuvimos el campeonato pasado y es algo que hay que reconocerle al cuerpo técnico y a la dirigencia. En el primer post del año escribía sobre la necesidad de armar una planificación minuciosa de toda la fase de trabajo. Un plan pensado en cada uno de sus detalles, con las funciones precisadas para cada una de sus partes. Un plan para ser ejecutado con el menor margen de error. Crecer, progresar, es ajustar el error. Mejorar lo hecho es muy difícil, el plan es exigente: exigámonos.
Decía: cada una de las partes cumpliendo su parte. Todos nosotros haciendo lo que nos toca hacer. Ya es conocida la metáfora del equipo como una mesa de cuatro patas . Cada uno atento en su tarea, dirigentes, equipo, cuerpo técnico e hinchada. Y lo que me toca a mí es retomar el blog. Con el eje en Estudiantes y su mundo, me propongo postear por lo menos una vez por semana para compartir mis opiniones, esperando que me acompañen los compañeros que estuvieron hasta ahora. Luego, si se me da la gana y sin atarme a ningún corset editorial, poner alguna cosa interesante, como vino siendo.
El lunes jugamos contra Quilmes y ojalá ganemos, es importantísimo, es el primer paso de este plan. Cualquiera sea el resultado, amigos, los invito nuevamente a estar cerca de las puertas.

26.1.07


Nick Cave: Lecciones de Estilo

Para los que aún somos relativamente jóvenes observar este fenómeno resulta fascinante. Porque sinceramente, no se presencia todos los días como el transcurso del tiempo, y una carrera larga y sólida, transforma a un artista de peligroso iconoclasta a clásico vivo. Aunque haya ocurrido tantas veces, y debiera ser lo normal en las carreras de fondo, la verdad es que dada la brevedad de las vidas útiles en el pop actual, y la propia edad de uno mismo, no se han vivido en “tiempo real” muchos fenómenos de esta clase. Con Nick Cave ha sucedido. El terrible personaje que en los seminales Birthday Party hiciera ruido y metiera miedo, el rostro que con los ojos inyectados en sangre y la mirada perdida se asomara temible desde la portada de “From Her to Eternity”, es ahora uno de los autores mayúsculos del rock actual por su magistral uso de los cánones más clásicos. El año pasado publicó uno de los mejores discos del ejercicio, el doble siamés “Abattoir Bues / The Lyre Of Morpheus”, y esa progresiva transmutación finalmente resultó evidente. El escritor maduro enterró al “enfant terrible”; y quedándose con lo mejor de ambos, el Señor Cave se sentó en una silla preferente en el Parnaso del rock. Además, con la Lira de Morfeo entre las manos. Visto con cierta perspectiva, tiene bemoles.

El hermoso envoltorio, casi cursi, casi de mesa camilla y papel pintado, en el que nos entrega estos dos discos diferentes pero hermanados, casi simétricos en su reparto de energías, viene a ser una pista clara y concisa de sus intenciones. En la enorme distancia que separa esta presentación del propio artista de aquellos ojos enrojecidos y mirada asesina se consagra lo que, para el australiano, viene a ser la declaración pública de su nuevo modo de vida. Ahora va a diario a una oficina y escribe de manera metódica, se concentra, desarrolla las ideas y posteriormente vuelve a casa con su familia. Cada cierto tiempo reúne a su banda, se mete en un estudio y graba lo escrito. Son tiempos sin duda distintos. Nuestro amigo ya no anda persiguiendo mujeres peligrosas y tan listas como él, que lo dejan resentido y le obligan a grabar discos que sangran. Tampoco él mismo asusta ya a nadie, si no se le tocan las narices con preguntas inoportunas. Tal vez haya demasiadas vacantes de verdad que suplir como para intentar vivir una juventud absurda. La silla dejada vacía por el Hombre de Negro, ídolo y maestro, por ejemplo, al que le dedica la hermosa “Let The Birds Ring”. O la de un Leonard Cohen cada vez más holgazán. Su nombre, con el tiempo, les acompañará en el panteón, sin duda. Y para despejar dudas y alegatos en contra, tenemos esta sobria, pero desbordante, obra maestra.


En “Abattoir Blues” hay más rock, más nervio, más blues. Un rock tamizado con un omnipresente tono fervoroso y un coro gospel, el de la London Community, clave en el desarrollo del disco. En “The Lyre Of Morpheus” hay más lirismo, más recogimiento, un tono más discreto y tranquilo. Pero en realidad es una cuestión de proporciones. La existencia autónoma ambos discos, producto de las mismas sesiones de grabación, no deja de ser una cuestión de elecciones inteligentes para construir dos discos asimilables y coherentes, según un criterio realista y observador. Como en realidad la propia música que contienen. En la escritura de Cave esta vez hay tanto talento como oficio, tanta inspiración como técnica, tanta pasión como inteligencia. Humorismo, truculencia, referentes personales, esos temas tan suyos (ya se sabe: religión, muerte y amor arrebatado), pero con cierta sorna. En la interpretación de los nuevos Bad Seeds, ya sin Blixa Bargeld, reluce el arte consumado de un grupo de músicos de vuelta de todo, en el mejor sentido de la frase. Manejo suelto en los registros más extremos (del apocalíptico coda de “Cannibal's Hymn” al bucolismo imposible de “Breathless” sin pestañear). Y algo más que tópicos ramplones en la resolución de los inevitables nudos que plantea seguir empleando, a estas alturas, el formato de canción escrita al piano.


Hay en estos discos muchos momentos en los que redescubrimos por qué Cave es un autor tan especial. En un momento dado, porque su universo de referencias surge inefable al tratar de la esquiva y sádica naturaleza de las musas, en una canción (“There She Goes, My Beautiful World”) que las muestra en perfecta formación. “John Willmot escribió su poesía febril por la sífilis/ Nabakov escribió en tarjetas, en una servilleta, en sus calcetines/ San Juan de la Cruz escribió su mejor material preso en una celda/ Johnny Thunders estaba medio muerto cuando escribió Chinese Rocks / Y yo aquí tumbado, sin nada en mis oídos/ Aquí tirado y parece que lleve años/ Y yo aquí tirado sin nada en la cabeza” . Ahí estamos: de San Juan de la Cruz a Johnny Thunders en un solo movimiento. Y también con un par. La musa llega finalmente, y de que manera, en ese estribillo. Oro puro.

En otro momento dado nos lo recuerda porque, como a lo largo del disco, a veces parece que nos esté tomando un poco el pelo. El delicado vals que nos mece en “Babe, You Turn Me On”, no sólo habla de un amor contra las circunstancias habituales, de un amor de verdad, con una mano en el “corazón” y la otra en las “bragas” . Habla también de un amor contra el absurdo de la vida, balanceándose al compás de la música, entre lo grotesco y lo sublime. Un amor incluso contra la estupidez de sus propios protagonistas: “Corres por la maleza/ Y torturas a los pájaros y las abejas/ Saltas al abismo, pero descubres/ que sólo te llega a los tobillos/ Me muevo sigiloso/ Y te sigo durante horas/ Hago como si fuera un cervatillo/ mirando las flores/ Todo se colapsa/ Y el sentido de la moral nos ha abandonado/ Es sólo la historia que se repite a si misma/ Y nena, tú me enciendes/ Como una idea/ Como una bomba atómica” . Y cuando repite este sorprendente hallazgo por última vez, Cave imita con su voz la onomatopeya de una explosión, como la que hacen los niños cuando juegan, o los adultos cuando juegan con ellos. Podría ser ridículo, pero es perfecto. Claro que la pregunta es inevitable: ¿se puede andar más sobrado?

Cuidado, que cuando quiere ponerse serio, bien que puede. La intensa “Easy Money”, trata sobre el dinero que parece fácil, pero que no lo es en absoluto. “Todas las cosas por las que suspira mi corazón/ Dan una alegría con beneficios a la baja/ Él me besó en la boca/ Y sus manos se dirigieron al sur/ Y mi mejilla ardía/ El dinero, amigo, es una zorra/ Al pobre, lo estropean para el rico/ Con mi rostro aplastado contra el colchón/ Me preguntaba cuándo acabaría esto/ Y en casa todos nos sentimos tan tristes y culpables” . Esta vez el “pathos” no se relaja, porque no puede, ni debe. Busca un sombrero para quitártelo.

Los discos, considerando una cierta unidad entre ellos, realizan trayectos inversos, estructurados de manera hábil y sutil. “Abattoir Blues” parte del fervor religioso de “Get Ready For Love” y llega a la fábula humorística de “Fable Of The Brown Ape”. “The Lyre Of Morpheus” nos recoge revisando de manera sardónica la fábula de Morfeo, Eurídice y la lira, para abandonarnos con la redentora “O Children”, puro gospel desatado. El disco te deja vacío, entregado a su autor, que te ha llevado por donde ha querido. Y ahí está la clave de todo.


Porque algo me dice que desde “The Boatman's Call”, Cave tomó la firme resolución de no volver a ser un autor poseído por su arte, un instrumento casi ciego entregado al impulso emocional que latía en aquella otra obra mayor. Sus comentarios despectivos al respecto de ese disco imprescindible parecen darlo a entender. Ahora, parece ser él mismo el que domeña en todo momento su propio arte a su antojo, domesticados definitivamente los recursos y métodos, los entresijos de la creación. Más allá de las recurrentes fantasías románticas al respecto, a las que tan dada es la mitología del rock, es este artista en plenitud de facultades, que pone toda la carne en el asador, pero que decide cuánta, como y en qué momento, que mide las proporciones y mantiene la paciencia, el verdadero creador. Ahora Cave sabe lo que quiere, y además como conseguirlo. Y es por eso que en esta última obra nos parece que, de manera definitiva, lo que tenemos enfrente es una sin duda obra maestra. Es decir, el sublime trabajo de un sabio consagrado.

Enrique Martínez (Mayo 2005)
www.sysvisions.com

Nick Cave junto a su grupo The Bad Seeds publicará el 29 de enero un DVD doble en vivo por el sello EMI. La edición incluye varias canciones de su disco de oro "Abattoir Blues/The Lyre of Orpheus", además de una selección de material clásico del repertorio de la banda. El DVD contiene imágenes de dos conciertos en directo: el disco uno está extraído del segundo de los tres conciertos con entradas agotadas que la banda dio en el Brixton Academy de Londres, que se grabó el 11 de noviembre de 2004 durante la gira europea de "Abattoir Blues".

4.1.07


Año nuevo


Estamos transitando la primera semana de 2007 y por delante hay muchísimo, tal vez sea eso lo positivo de estas fechas. Once meses y medio, más de cincuenta y una semanas, mucho tiempo por delante y la necesidad de planificar. Aprovechar este tiempo de descanso y de indefiniciones para proyectar, pensar y organizarse.

Es interesante también realizar una mirada retrospectiva, a veces es bueno detenerse y mirar lo que dejamos atrás. Y lo que queda son ciertas imágenes, ciertos sonidos, sensaciones de gozo, alegría, festejo. La memoria recopila arbitrariamente los recuerdos que quiere almacenar y es inútil intentar sondear en sus motivos. Queda indeleble, para los pincharratas, el recuerdo del Estudiantes Campeón del Apertura 2006, el eco de la voz de Verón amplificada por un micrófono en el Amalfitani anunciando que ya éramos campeones. Los jugadores saltando, gritando, festejando. Casi que nosotros estábamos ahí, con ellos.

Y releyendo las sucesivas entradas de este blog vuelvo a percibir la experiencia de su escritura. Como una película que es narrada desde el final, estaban todos los elementos para que el heroico desenlace tuviera lugar. Cuando me referiero a todos los elementos quiero decir las polémicas, los pálpitos, los innumerables escollos que se devieron superar, las gastadas, los agrandes de los contrarios, las intromisiones de los vecinos, las envidias, las mezquindades, las grandezas, el heroismo. Es notable como en todos los comentarios está el llamado a no bajar los brazos, a creer. El alma de la escritura que emergió sin que nos diéramos cuenta.

El alma no estuvo moldeada solamente por mí como autor, no es sólo el texto tal y como fue pensado, sino que recibió su forma de todos aquellos que estuvieron en el crecimiento del espacio. El alma es ese texto pero en una disposición orgánica, en desarrollo. Es el texto con una doctrina propia, limpio, aseado, el cual puede ser comparado con un organismo saludable, que es alimentado y protegido entre muchos.

En la trama de la escritura había un designio que se estaba concretando, una sentencia inapelable por más excusas -en general de una mediocridad vergonzante- que se interpusieran: el Pincha era campeón y quedó en los anales de la historia, imborrable. Mirar hacia atrás es mirar una película cuyo guión fue escrito como un drama cinematográfico apasionante. Ni siquiera los propios protagonistas logran darse cuenta de la magnitud de los hechos. La figura de Verón, creo, lo resume todo: el hombre que volvió a su tierra, a su gente, y se enfrentó ante la resistencia mediocre de la sociedad argentina y demostró lo que es: un campeón, en realidad muchísimo más que eso. Escribí acá sobre la importancia de todas las figuras del equipo y creo que quedaron claras mis preferencias, pero sólo quise detenerme en Sebastián como emblema deportivo y humano.

¿Qué hay de una mirada hacia adelante? Es el proyecto, como decíamos en el inicio, la posibilidad de organización. De estar juntos, de reflexionar, de pensar el año en detalle, de planificar objetivos y de tener en cuentas los potenciales inconvenientes que puedan surgir. A fin de año salimos campeones y a principios ya saltaron tres cuestiones preocupantes. La primera es el rumor que se filtró sobre la pelea entre Verón y Alegre, lo que suscitó que se hablara de un abandono del equipo por parte de la Brujita. Ahí hay un error de doble tipo: uno comunicacional porque se manejó mal la información con la prensa y se dejó que la bola corriera más de lo tolerable; y el otro de manejo de grupo, Alegre de ninguna manera puede generar un conflicto ni por delante ni por detrás con el aglutinador de un grupo ganador, pone en riesgo todo el proceso exitoso que está viviendo la institución y sabe que en definitiva la gente no dudaría un instante en tomar partido por la otra parte. Otra cuestión preocupante es la indefinición por el pase de Pavone, curiosamente mientras Boca y River cerraron rápidamente sus ventas y sus compras de jugadores, nosotros seguimos titubeando, lo que desgasta al jugador y en definitiva a todo el equipo. Esto no quiere decir dilapidar el capital del club ni malvender, tan sólo ser un poco más eficientes en la gestión. Por último, algo doloroso es ver a Galván entrenando con la camiseta de River. Realmente no entiendo a los dirigentes que no tuvieron la capacidad de retener a quien aportó tanto para el campeonato y que tanta significancia tiene para el resto de sus jugadores. No entiendo cómo se rechazó una oferta para hacer una gira que dejaría unos dos millones de dólares y no había 950 mil para comprar la mitad de un pase que podría ser vendido por el triple de ese valor. Confío en que la dirigencia pincha subsane estos errores y podamos enderezar el acorazado para las durísimas batallas que vamos a librar este año.

Volviendo al blog y a sus lectores, en cierta ocasión el Mono de Ensenada comentó que el equipo era una inspiración en su vida, una suerte de modelo de acción, y esa fue una declaración que generó la burla de algunos triperos desolados. Me pareció una interesante reflexión porque Estudiantes es un paradigma que trasciende el fútbol. Es un grupo constituido en función de objetivos, con una dinámica de trabajo que implica sacrificio y entrega, con los distintos talentos puestos al servicio del grupo. Y más allá de que a la luz del impresionante campeonato que se logró, los expertos quieran traducir esto en clave de marketing, lo bueno podría ser el aplicar el modelo Estudiantes en cada una de nuestras vidas. Los hinchas no necesitamos ir a una conferencia en un hotel de cinco estrellas para saber sobre la importancia de la ascendencia de Caldera, sobre el liderazgo de Ortiz o sobre la conducción del Cholo. Nosotros estuvimos día a día, presentes, apoyando y empujando para que todo esto que vivimos sea posible e hicimos carne el modelo Estudiantes, cosa que muy bien reflejó el Mono en uno de sus posts.

Que 2007, sea entonces un camino a recorrer en paralelo al equipo. Acompañemos a Estudiantes y que nos acompañe a nosotros. Me parece que en este año nuevo es una buena referencia para tener al lado. Y estemos atentos, cerca, participando y alentando, pero también señalando las cuestiones que consideramos erróneas o con las que estamos en desacuerdo. Compañeras y compañeros: que tengamos un buen año.

26.12.06


Tinelli en Babilonia


Como todos los hombres de Babilonia, he sido procónsul; como todos, esclavo; también he conocido la omnipotencia, el oprobio, las cárceles. Durante un año de la luna, he sido declarado invisible: gritaba y no me respondían, robaba el pan y no me decapitaban; traficaba toneladas de drogas y nadie me perseguía; fumaba una pipa sagrada y era condenado, de pronto, a cadena perpetua. He conocido lo que ignoran otros: la incertidumbre.

Debo esa variedad casi atroz a una institución que otras repúblicas ignoran o que obra en ellas de modo imperfecto y secreto: Tinelli.

No he indagado su historia; sé que los magos no logran ponerse de acuerdo; sé de sus poderosos propósitos lo que puede saber de la luna el hombre no versado en astrología. Soy de un país vertiginoso donde Tinelli es parte principal de la realidad: hasta el día de hoy, he pensado tan poco en él como en la conducta de los dioses indescifrables o de mi corazón. Ahora, lejos de Babilonia y de sus queridas costumbres, pienso con algún asombro en Tinelli y en las conjeturas blasfemas que en el crepúsculo murmuran los hombres velados.

Mi padre refería que antiguamente —¿cuestión de siglos, de años?— en pleno día se verificaban jodas: los agraciados recibían, sin otra corroboración del azar, monedas acuñadas de plata. El procedimiento era elemental, como ven ustedes.

Naturalmente, esas “jodas” fracasaron. Su virtud moral era nula. No se dirigían a todas las facultades del hombre: únicamente a su esperanza. Ante la indiferencia pública, los mercaderes que fundaron esas jodas venales comenzaron a perder el dinero. Alguien ensayó una reforma: la interpolación de unas pocas jodas adversas. Ese leve peligro despertó, como es natural, el interés del público. Los babilonios se entregaron a las jodas.

Instado por los jugadores, Tinelli se vio precisado a aumentar las jodas adversas; de esa bravata de unos pocos nace el todopoder de Tinelli: su valor eclesiástico, metafísico.

Nadie ignora que el pueblo de Babilonia es muy devoto de la lógica, y aun de la simetría. Era incoherente que las jodas faustas se computaran en redondas monedas y las infaustas en días y noches de cárcel. Algunos moralistas (pagados por Tinelli, según sus repugnantes detractores) razonaron que la posesión de monedas no siempre determina la felicidad y que otras formas de la dicha son quizá más directas.

Otra inquietud cundía en los barrios bajos. Los miembros del colegio sacerdotal multiplicaban las jodas y gozaban de todas las vicisitudes del terror y de la esperanza; los pobres (con envidia razonable o inevitable) se sabían excluidos de ese vaivén, notoriamente delicioso. El justo anhelo de que todos, pobres y ricos, participasen por igual de Tinelli, inspiró una indignada agitación, cuya memoria no han desdibujado los años. Algunos obstinados no comprendieron (o simularon no comprender) que se trataba de un orden nuevo, de una etapa histórica necesaria...

Hubo disturbios, hubo efusiones lamentables de sangre; pero la gente babilónica impuso finalmente su voluntad, contra la oposición de los ricos. El pueblo consiguió con plenitud sus fines generosos. En primer término, logró que Tinelli aceptara la suma del poder público. En segundo término, logró que la joda fuera secreta, gratuita y general.

Ya iniciado en los misterios de Bel, todo hombre libre automáticamente participaba de las jodas sagradas. Las consecuencias eran incalculables. Una joda feliz podía motivar su elevación al concilio de magos o la prisión de un enemigo (notorio o íntimo) o el encontrar, en la pacífica tiniebla del cuarto, la mujer que empieza a inquietarnos o que no esperábamos rever; una joda adversa: la mutilación, la variada infamia, la muerte. Pero ¿cómo saber cuándo una joda es feliz o adversa?

A veces un solo hecho —el tabernario asesinato de C, la apoteosis misteriosa de B— era la solución genial de treinta o cuarenta jodas. Combinar las jodas era difícil; pero hay que recordar que los secuaces de Tinelli eran (y son) todopoderosos y astutos. Sus pasos, sus manejos, eran secretos.

Increíblemente, no faltaron murmuraciones. Tinelli, con su discreción habitual, no replicó directamente. Prefirió borrajear en los escombros de una fábrica de caretas un argumento breve, que ahora figura en las escrituras sagradas. Esa pieza doctrinal observaba que Tinelli es una interpolación del azar en el orden del mundo y que aceptar errores no es contradecir el azar: es corroborarlo.

Por inverosímil que sea, nadie había ensayado hasta entonces una teoría general de las jodas. El babilonio es poco especulativo. Acata los dictámenes del azar, les entrega su vida, su esperanza, su terror pánico, pero no se le ocurre investigar sus leyes laberínticas, ni las esferas giratorias que lo revelan. Si Tinelli es una intensificación del azar, una periódica infusión del caos en el cosmos, ¿no convendría que el azar interviniera en todas las etapas de la joda y no en una sola?

Bajo el influjo bienhechor de Tinelli, nuestras costumbres están saturadas de azar. El comprador de una docena de ánforas de vino damasceno no se maravillará si una de ellas encierra un talismán o una víbora; el escribano que redacta un contrato no deja casi nunca de introducir algún dato erróneo; los constituyentes que redactan una Constitución omiten artículos fundamentales o agregan otros extravagantes. Si alguien encuentra a la mujer de su vida, o la pierde; si alguien gana la lotería, o tiene un hijo minusválido; si alguien ejerce como fiscal o juez y ni siquiera es abogado... ¿no será todo una joda de Tinelli? Yo mismo, en esta apresurada declaración, he falseado algún esplendor, alguna atrocidad.

En la realidad, el número de jodas es infinito.

También hay jodas impersonales, de propósito indefinido: una decreta que se arroje a las aguas del Éufrates un zafiro de Taprobana; otra, que desde el techo de una torre se suelte un pájaro; otra, que cada siglo se retire (o se añada) un grano de arena de los innumerables que hay en la playa; otra, que gane las elecciones el candidato más repulsivo. Las consecuencias son, a veces, terribles.

Nuestros historiadores, que son los más perspicaces del orbe, han inventado un método para corregir el azar; es fama que las operaciones de ese método son (en general) fidedignas; aunque, naturalmente, no se divulgan sin alguna dosis de engaño. Por lo demás, nada tan contaminado de ficción como la historia de Tinelli... Un documento paleográfico, exhumado en un templo, puede ser obra de la joda de ayer o de una joda secular. También se ejerce la mentira indirecta.

Tinelli, con modestia divina, elude toda publicidad. Sus agentes, como es natural, son secretos; las órdenes que imparte continuamente (quizá incesantemente) no difieren de las que prodigan los impostores. Además, ¿quién podrá jactarse de ser un mero impostor? El ebrio que improvisa un mandato absurdo, el soñador que se despierta de golpe y ahoga con las manos a la mujer que duerme a su lado, el que vota a un candidato aparentemente opositor, ¿no ejecutan, acaso, una secreta decisión de Tinelli?

Ese funcionamiento silencioso, comparable al de Dios, provoca toda suerte de conjeturas. Alguna abominablemente insinúa que hace ya siglos que no existe Tinelli y que el sacro desorden de nuestras vidas es puramente hereditario, tradicional; otra lo juzga eterno y enseña que perdurará hasta la última noche, cuando el último dios anonade el mundo. Otra declara que Tinelli es omnipotente, pero que sólo influye en cosas minúsculas: en el grito de un pájaro, en los matices de la herrumbre y del polvo, en los entresueños del alba, en un plan quinquenal. Otra, por boca de heresiarcas enmascarados, que no ha existido nunca y no existirá. Otra, no menos vil, razona que es indiferente afirmar o negar la realidad de la tenebrosa corporación, porque Babilonia no es otra cosa que una infinita sucesión de jodas de Tinelli.


(Interpolaciones en “La lotería en Babilonia”, de Jorge Luis Borges.)


Publicado en revista La vereda de enfrente, núm. 11, Buenos Aires, septiembre de 1997.

15.12.06


La 2
Ya pasó un día de la gloriosa hazaña que alcanzamos. Un campeonato que llega a su fin y un enorme logro. La tranquilidad del deber cumplido, de una mirada calma y en paz porque somos los campeones. La gloria, la enormidad por delante, la pasión exacerbada que sale por los poros, el grito afónico y la felicidad inabarcable. Las ganas de abrazarse con todos, el festejo rodeado de bosteros en el bar Alcalá de Corrientes y Salguero. La pregrinación de las camisetas rojiblancas, el rito pagano. La invocación a los ángeles pinchas, las mil y una cábalas. El tiro libre al ángulo de Sosita, el desahogo, la esperanza. El miedo de los bosteros que se veía a lo lejos. El empuje de todos, el Chapu. La Bruja lesionado que seguía en cancha conduciendo al equipo, haciéndose cargo de una responsabilidad que le abrió las puertas del libro dorado de la historia (en donde el tiempo se detiene). Caldera, un jugador que me encanta y que espero se quede para siempre con nosotros, lo miraba desde afuera y sufría. El Cholo ya era pincha. Mambrú que jugó bien y le tapó la boca a muchos, empezando por mí. El tiempo que corría y nos habíamos apropiado de la certeza que ese partido ya era nuestro. El devenir. El error de Cahais y el Tanque que se llenaba los pulmones de gol. La tribunas que corrían, que saltaban, que agitaban, que alentaban, que aguantaban, y el campeonato que estaba ahí. Lo veíamos, lo tocábamos. En el bar con Dani mirábamos pasar las agujas del reloj y al lado un gallina que me felicitaba. La cara de los bosteros era de pánico y las puteadas a La Volpe. La segunda, la tercera, la cuarta cerveza y la vejiga que iba a explotar pero no había forma de ir al baño: cualquier movimiento podría ser letal. Nos cascoteaban el rancho y Andújar respondía. Pezzotta pitó, somos campeones -campeones- y los recuerdos que me envolvieron. Años 82 y 83 y la tapa del Gráfico autogriafada por Bilardo y Pachamé (ni idea dónde está ahora). El gol de Brown que oí por radio en la casa de mi tía en Boulogne. Mi propia tradición pincha, mi abuela, mi viejo, y ahora mi hija. Los ángeles pinchas que hicieron posible esto. Y un tipo que jugaba como yo siempre quise jugar, lo imitaba: era horrible pero quería jugar como él porque fue lo más pincha que conocí. Un tipo que raspaba, que rompía, que la reventaba a la tribuna. Un tipo que aguantaba, que mojaba, y que un día, así nomás, se fue. Usaba la 2 en la espalda y se llamaba Ruso Prátola. Este campeonato es para vos.

11.12.06


Desde adentro

Alguien dijo que el destino ya está escrito y parece que es así, que hay que entregarse a sus caminos insondables. Esta vez la alineación astral designó la victoria y la gloria para Estudiantes y tenemos que aceptarlo sin ningún tipo de análisis. Además, resignación ante la posibilidad de brindar alguna explicación: no hay razones, no hay conceptos. Hay, sí, sentimientos, emociones, felicidad en estado puro. Nos acercamos a la Dimensión Pincha: sufrimiento, combustión orgánica, y al final un goce extremo.
Ayer estuve en la cancha, sentí desde adentro la energía que recorrió el Estadio Único. Estuve adentro, en sus vísceras, lo sentí latir, vivir. Eramos 35 mil hinchas dentro de un organismo que creía, había una fe poderosa que llevaba al equipo hacia adelante, una fuerza superior que lo movilizaba y que aterraba al rival que intuía en su futuro cercano a la derrota. Eramos todos uno, una comunión mágica, inmensa. Religión popular. Energía y el milagro que sobrevolaba.
Los ojos puestos en el partido y los oídos en la Bombonera. El gol de Palermo que no nos hizo bajar los brazos, mientras el equipo iba e iba y lo bola que no quería entrar. Los jugadores atentos, poniendo, quitando, empujando, corriendo, picando. La Bruja preciso y fino en los momentos más calientes, demostrando que es el dueño de la magia y que la batalla contra la mediocridad argenta es hasta el final, hasta alcanzar la victoria y la gloria . El Tanque, imparable como siempre, aterrorizando a los defensores de Arsenal y a todos los bosteros para el partido del próximo miércoles.
Primer gol de Lanús y todos festejamos. Segundo gol y delirio, parecía que íbamos a dar nuestros dientes contra el pasto. Se venía todo abajo y la energía que había en ese momento hacía que una explosión fuera inminente. El milagro que sobrevolaba y Caldera que con una amarilla se quedaba fuera de la final. Injusto, lamentable por todo lo que significa para todos este patriarca. No importa, su espíritu 9 rojo y blanco está, estará por siempre junto a todos.
El milagro y una paloma que volaba cerca del arco de Orcellet, volaba y volaba. Y un minuto más tarde la pelota fue a dar en la cabeza de Agustín, travesaño y la red infladísima. Locura, lágrimas, emociones, grito con la garganta en carne viva. Nos abrazábamos con los conocidos y con los desconocidos, qué más daba si sabíamos que éramos uno sólo, no había partes, había un todo, una totalidad que iba al frente y no había poder que pudiera detenerlo. No exagero si digo que todo hervía, el calor era soporífero y la cancha era una olla a presión. Los hinchas de Arsenal eran unos pocos que miraban como se estaba gestando la hazaña sin nada que ellos pudieran hacer. Lo que muchas veces leyeron en las crónicas épicas estaba pasando delante de sus ojos, lo estábamos viviendo nosotros en el cuerpo.
El cosmos esta vez dijo sí. En el post anterior expresé mi incredulidad ante su mensaje pero intuía que había que aceptarlo porque escondía el pasaje para esta final. Te quita y te da, era la sospecha de Verón. Alayes pidió disculpas por ese fatídico gol de Choy y prometió que se tomaría revancha contra Arsenal. Crean, dijo el Cholo. Y así sucedió; como si la letra escrita en los papiros del destino pudiera ser leída por los ojos que ven, con ojos que tienen un poder divino para ver. Y sí, es magia.
La otra vez también recuperaba un momento de El Hombre de la Esquina Rosada. Se trata de una situación que puede ser asociada a la actualidad de nuestro campeonato. Esto es algo curioso si pensamos que Borges detestaba el fútbol; sin embargo tenemos por un lado a un Boca que como el pendenciero que creía copar la parada se echa hacia atrás en el momento en que tenía que demostrar su valor, y por otro, al cuchillero que se planta, que desafía y se va airoso ante los calzones caídos del rival. Al final y por la espalda el cuchillazo artero que en el cuento significa la muerte, pero que en la Dimensión Pincha es resurrección y ascenso a los cielos. Es borgeano y también es bíblico (algo que los eruditos no encuentran para nada contradictorio), alguien mencionó ese aspecto en este blog haciendo referencia al significado sagrado del número 7 y los goles que le hicimos a los triperos.
Siguiendo con Borges y hacia una búsqueda inviable de algún sentido. La presencia del destino como una escritura ya establecida. «El íntimo cuchillo en la garganta./ Un júbilo secreto. / Al fin me encuentro / con mi destino sudamericano». La idea de destino como laberinto misterioso y la convicción borgeana acerca de cómo todos los pasos que da el hombre sobre la tierra -un suelo propio- resultan vagamente inexplicables y conducen a un desafío final en el que algunos se envuelven en el ropaje del héroe para gestar la hazaña.
El milagro se dio y lo viví de adentro, prometí contarlo y lo hice como pude. Ayer los astros dieron la gloria a los pinchas. El miércoles nos espera la batalla final contra el enemigo más importante. Estamos cerca, más cerca de las puertas del campeonato que nunca.

4.12.06


¿Qué nos quisieron decir?

Los avatares del cosmos son casi siempre imprevisibles. Creí entenderlo todo hasta el minuto fatídico en el que entró la de Choy González. Sabía que había que sufrir, desesperarse, alterarse, retorcerse hasta lo intolerable. Aceptaba el tener que aguantarme el relato insufrible de Garófalo por Domingol porque la alternativa de los Bambinos Pons y Veira, como se imaginarán, no la manejé nunca como una posiblidad. Antes de que empezara el partido sabía todo esto y estaba dispuesto a aceptarlo.
Estudiantes siempre te coloca ante la instancia del sufrimiento. A esta altura eso ya es algo sabido y sabido era también que a la larga el gol del empate llegaría y el segundo también. Cosa que sucedió, en estricto orden cosmogónico, místico. Y sólo era hora de esperar, de festejar, de desatar la euforia, y escribir en el blog que no alcanzan las palabras para tanta alegría. Pero a los 46 del segundo tiempo, el zarpado de Choy González metió ese cabezazo y la mando a guardar a un ángulo recóndito para Andújar y el Cholo quedo en cuclillas mirando el pasto.
Nadie entendió nada. Hicimos lo de siempre, jugamos como siempre, pusimos las pelotas de siempre y al fin nos empataron. Yo cumplí con mis cábalas, lo ví en el mismo lugar e hice exactamente los mismo que contra Newell´s. Entonces, el primer movimiento es hacia una comprensión que es difícil encontrar. Tenemos un cabezazo artero totalmente antimístico frente a la poesía de los goles de Pavone y de una Brujita que asciende a dimensiones superiores. Y toda la energía positiva estaba puesta en los jugadores de remera rayada: era la fuerza del orgullo, de la resistencia, del último bastión guerrillero que queda en pie en este mundo dominado por el imperialismo mercantilista. Era la pasión de un puñado y la admiración de muchísimos que identificaron a Estudiantes como el cruzado que lucha por la gloria y por el campeonato. Y de repente, el alineamiento astral que nos envía su cruel designio, y nuestro pecho hundido lleno de desazón y una pena que desborda.
Del otro lado se escuchaban los ecos de la televisión. Las corporaciones y su parafernalia transmitían y se preparaban para una fiesta; que no pudo ser. Increíblemente Boca perdió contra un Belgrano que se agrandó y se animó a robarle algo más que un punto. A veces recuerdo ese tiro libre sobre la hora de Serrizuela que se le coló a Herrera y me pregunto qué hubiera pasado si la lógica se daba y le ganábamos a los piratas ese partido que tan bien controlado teníamos. Y casualmente algo parecido pasó hoy contra Boca, todos lo daban por perdido y le hizo un partidazo mandándolos a Buenos Aires cagadísimos para enfrentar a Lanús que viene encaminado.
Y vuelvo al mensaje cosmogónico, ¿qué nos quisieron decir los astros con ese gol de Choy? Algunos cultores del pensamiento fácil opinan que es una revancha por el 7 a 0 a Gimnasia. Otros, que la suerte ya se acabó, que la gesta de los héroes del equipo de Don Osvaldo se pudo alcanzar pero jamás superar. Con el correr del tiempo, ya visto los resúmenes de los partidos, las declaraciones y las opiniones de todo el mundo, intento atrapar algún sentido que me acerque a una respuesta. Y de aquí en más sólo hay pensamiento complejo, filosófico, el cual casi siempre es abordado de manera irresponsable.
Tan sólo quiero enunciar algunas líneas de reflexión que me aclaren, nos aclaren, el panorama. Creo que si perdíamos y Boca también lo hacía, lamentablemente éramos como Gimnasia: perdedores. En cambio empatamos, con la demostración habitual de huevos. Empatamos con un gol de nuestra insignia, la Brujita Verón, quien demostró que no se borra en las jodidas. Ese detalle menor ya nos coloca por encima de nuestros vecinos; en realidad ratifica la superioridad demostrada desde los inicios de los tiempos y que aquí sería aburrido volver a desarrollar.
Pero hay algo más que creo es lo más interesante. Recuerdo un notable cuento de Borges, El Hombre de la Esquina Rosada. Allí Francisco Real, el Corralero, es acuchillado al final de la fiesta por un naides mientras a Rosendo Juárez, el Pegador, el que era respetado por su coraje, se le afinaba la voz y demostraba toda su cobardía. Al Pincha se le presenta una situación parecida: desafía al matón y se va airoso, el otro moja sus pantalones en una demostración de juego vergonzante y pierde un partido imperdible; sobre el pucho, mientras clareaba, un ex tripero insignificante nos quiere lastimar por la espalda y lo logra, aunque no nos mata. Esa es la diferencia: Estudiantes vive, late y no precisa un velorio con dignidad.
Ese, creo, es el mensaje que el cosmos hoy se encargó de transmitirnos a todos los pincharratas. Estamos vivos y cumplimos el enorme objetivo de llegar con chances a la última fecha del campeonato. Boca no pudo festejar y se llena de miedos para jugar contra Lanús, mientras el Pincha desea con todo extender su vida hasta llegar a la gloria. Lo desea y se lo merece porque es absoluta justicia que gane, ganemos, este campeonato. Luego, un cálculo que hacía mientras íbamos ganando: si todo seguía así iba a ser imposible un partido de desempate contra Boca. Y eso es lo que pretendo por sobre todas las cosas, y el equipo también y estoy seguro de que todos los hinchas piensan lo mismo. Un mano a mano contra los bosteros para ver quién es mejor, un reto de cuchilleros . Y este resultado nos da esa chance, y creo que se dio para que eso suceda.

29.11.06

René Lavand



René Lavand da la mano con una naturalidad impostada, consciente de que ese simple acto protocolar, a menudo despojado de la más mínima carga emocional, ejerce sobre el receptor una fascinación humillante. No hay equilibrio en ese ejercicio fraterno que supone la despedida y que certifica, quizá para siempre, la imposibilidad de desentrañar el misterio escondido en esa mano, que saluda como dejando constancia de su inocente superioridad. René Lavand, ilusionista, 72 años, barajador de anécdotas y bon vivant empedernido, sentencia, poco antes de despedirse: “Mi intención no es humillar a nadie”.

Lo hace, sin embargo, cotidianamente. En la sala del Multiteatro, donde todos los fines de semana presenta su nuevo espectáculo de ilusionismo, despliega un arte que opera por sustracción: la magia no está en lo que muestra sino en lo que oculta, detalle que anula de entrada los mecanismos lógicos del virtuosismo. Mientras apabulla a los espectadores con sus juegos de naipes tamizados por historias de tahúres y citas de Borges, Lavand comprueba el carácter inexorable de su victoria. Cada vez que el silencio pasivo de la sala se va tiñendo de tensión, como si se entablara una competencia sorda entre engañador y engañados, se va tejiendo el final invariable: un delicado e indescifrable golpe de KO por parte de Lavand, una ovación (levemente resentida, debe decirse, aunque sea la admiración lo que aflore exteriormente) por parte del público. “Yo escucho los murmullos posteriores a mis juegos. Sé que mucha gente, abajo del escenario, se acuerda de mi pobre madre. Ella aceptaría el ‘calificativo de cuatro letras’, porque aquel muchacho de nueve años que perdió su mano en un accidente dio lugar a estos insultos que no hacen más que halagarla.”

Desde los nueve años, Lavand anda por la vida con una sola mano. En Coronel Suárez, donde su familia (padre asturiano, madre vasca) se había ido a vivir cuando él era muy chico, un día de carnaval le marcó las cartas: mientras jugaba con unos amigos en la calle, fue atropellado por un auto, que le aplastó contra el cordón de la vereda parte de su antebrazo derecho. “Me agarró entonces el síndrome paranoide de la castración. Ese complejo lo traduje en un deseo de superación desmedido. Ya desde los siete años jugaba un poco con los naipes. Cuando todavía vivíamos en Buenos Aires, una tía me había llevado a ver a un mago chino que venía desde el Lejano Oriente para deslumbrar a grandes y chicos con sus trucos. Chang se llamaba. Me acuerdo que lucía un kimono de seda natural con dragones bordados a mano. Su show transcurría con una serie increíble de apariciones y desapariciones, y es todavía hoy uno de los recuerdos imborrables de mi infancia. Como en mi casa yo no hablaba más que de Chang, un amigo de la familia aficionado a la prestidigitación me enseñó un juego con cartas, que empecé a practicar. Después del accidente, las cartas se transformaron en una obsesión para mí.”


Creció con una doble sensación de soledad: la que se dibujaba alrededor de su mutilación no asumida, y la de llevar adelante un hobby sin cómplices ni aduladores. Ya instalado en Tandil, la adolescencia lo sorprendió sin progresos artísticos. Siempre el mismo truco, repetido con pasión de autómata. Conoció a un chico que coincidía en sus mismas obsesiones y que le reveló algunas claves mnemotécnicas de objetos y palabras, además de mostrarle un libro, Cartomagia, de J. Bernat y E. Fábregas, que lo sumió en la desesperación: “Todas las ideas que yo había creado para mi juego ya estaban en ese libro desde mucho antes. Igual me lo devoré, y terminé más angustiado. Las técnicas que enseñaban no me servían para nada, porque Bernat y Fábregas tenían dos manos... Allí me di cuenta: debía romper los cánones, inventarme a mí mismo, crear mis propias técnicas”. La euforia creativa se multiplicó, como ese fuego interior que sólo puede surgir del infortunio. “¡Voy a hacer algo con esta desgracia!, me dije, aunque en mi casa mis padres se preocupaban porque me veíanreconcentrado, metido en mis juegos. Creo que mi padre se frustraba al ver que yo estaba condenado al fracaso, embarcado con mi particularidad física en un juego de manos. Falleció antes de que yo pudiera mostrarle que podía, que realmente podía. Cuando era adolescente, mi madre me decía: Muy lindo esto de la barajita, pero ¿qué vas a hacer con tu vida? Pero ella sí me vio triunfar. Creo que vivió hasta los 86 años para poder disfrutarlo.”Mientras su carrera de prestidigitador se agitaba interiormente, Lavand fue empleado del Banco de la Nación Argentina. Dactilógrafo aventajado, era el asombro de los clientes, que se quedaban observando su habilidad zurda después de renovar los plazos fijos. René les reservaba a sus compañeros de trabajo sus habilidades –por entonces– más secretas, que cabían en ese mazo de naipes guardado con celo en un cajón de su escritorio. La presión de sus amigos aceleró su paulatina “profesionalización”: “El show de Pinocho”, las noches del Tabarís y del Nacional, los primeros contratos. Dos matrimonios frustrados, cuatro hijos, el juego, los viajes, un cóctel que empezaba a prepararse con ingredientes desconocidos para ese muchachito que se perfeccionaba en soledad para vencer sus complejos.

En ese momento de la entrevista, a René se le humedecen los ojos. Del mismo modo que es imposible desentrañar sus habilidades arriba del escenario, cuesta acompañar el itinerario de sus recuerdos, que zigzaguean entre la tímida acumulación de éxitos profesionales y la sensación permanente de zozobra emocional. Ahora que vive feliz en su casa tandilense (una finca llamada “Milagro verde”, en la que acondicionó un viejo vagón de tren, el “Pata de Fierro”, para que paren sus amigos cuando lo van a visitar, y donde también acondicionó una especie de jardín botánico con más de 500 especies) en compañía de Nora, su mujer; ahora que el álbum familiar está lleno de aplausos y premios, René parece esconder una melancolía muy profunda, abonada por viajes de trabajo y aventuras por todo el mundo, en hoteles impersonales, en casinos provocadores y, fundamentalmente, en la certeza de que “el personaje Lavand” se impone con la ambivalencia de su defecto transformado en virtud. Con esa paradoja a cuestas, René humilló a millones de telespectadores en los shows de Ed Sullivan y de Johnny Carson, adonde llegó gracias a los oficios de una buena señora que le vio pasta y lo “vendió”. “Todavía recuerdo la cara de Ed Sullivan y el asombro de quienes nos rodeaban. Imaginate lo que era para un norteamericano llevar a la tele a un prestidigitador manco. Era como presentar a un bailarín rengo.”

En la sala de Multiteatro se lo ve sobrar la situación, ligereza que deja intuir un torbellino interno. Se le pregunta luego por el miedo. ¿Alguna vez lo sintió? ¿El día que estuvo frente a Ed Sullivan y millones de telespectadores? Lavand sale de su personaje entrañable y dice que sí, que esa vez tuvo mucho miedo. “¿Sabés lo que pasa? El actor se puede equivocar, se confunde la letra y se corrige enseguida, la gente se da cuenta o no se da cuenta, y no importa. Yo no puedo sacar el dos de oro en lugar del cuatro de espada. Me di cuenta de los riesgos que corro. Ya me creen capaz del milagro y la verdad es que si el público considera que lo que hago son milagros, mejor para mí. Siempre y cuando no me equivoque. Y esas cosas que parecen hechas con tanta naturalidad... no sabés, para lograr ese temple, esa aparente seguridad en mí mismo, todo lo que tengo que transpirar, practicando todos los días de mi vida.”

Pero miedo, lo que se dice miedo, sintió una vez. Lavand cuenta la anécdota, una entre tantas para él, con sencillez y picardía. Está relatada en el libro René Lavand, barajando recuerdos, una suerte de autobiografía que se vende en los shows. En 1992 fue contratado para trabajar cuatro días para el Cartel de Cali. Sin saberlo previamente, claro. Un “intermediario” argentino arregló todo, con la mayor discreción. René compartió el viaje con un cómico y una vedette. En Cali lo esperabanun hotel 5 estrellas, un cachet desmedido, y la ignorancia más absoluta respecto de quién organizaba la fiesta a la que había sido invitado. No cabían ni los cómo ni los porqué. Una mansión custodiada por una veintena de hombres armados hasta los dientes certificaba la inconveniencia de exteriorizar los interrogantes. Tuvo que jugar, ante un grupo de millonarios, entre mesas donde circulaba “el alcohol en botellas y la cocaína en platos”. Jugó fuerte, y su buena llegada a los comensales se convirtió en un boomerang. “¡Tiene clase, tiene clase!”, le gritaban, excitados. Lo habían contratado para que actuara durante quince minutos. Pero le pidieron más. “Lo queremos más tiempo, gustó mucho...” “No quise aburrirlos –les contestó–, pensé que estaban para otras cosas...” Había otras cosas: diez chicas bailaban desnudas alrededor de una piscina, por ejemplo. El cómico que había viajado con él no había podido hacer reír a nadie. A la vedette le había ido un poco mejor, lo que constaba por las ofertas monetarias que recibía. Lo llevaron a la suite principal de la mansión, donde lo esperaba “El Padrino”, para quien debió actuar en exclusividad, mientras, simultáneamente, a pocos metros, dos parejas se mataban sexualmente en una cama. “¡Haga otra!”, le decía el Padrino, y le convidaba del plato. René decía que no.

–Pero... ¿qué edad tienes?–Sesenta y dos.–Pero hombre...a esa edad hay que probar de todo...Después de esa fiesta hubo otra, para “un grupo de familias”. Saunas, baños turcos, mozos con guantes blancos adornaban la escena. A uno de los capos tiempo más tarde lo descubrió en un informe televisivo. Era un narco apodado “El ajedrecista”. Debía trabajar para él, con una presión extra: el cómico había fracasado nuevamente, al punto que escuchó nítidamente la frase: “¡A este cómico lo deben haber mandado los del Cartel de Medellín!”. Entre champagne, embellecido por el bacará tallado en finísimas copas, cocaína y mujeres, hizo su show con la prestancia fingida de quien sabe manejarse en esos ambientes. Tan bien le fue, tanto lo aplaudieron, que lo invitaron a una fiesta más. “El último cachet no lo cobré. Pero estoy seguro de que el gángster que se lo quedó fue el representante argentino; esa otra gente cumple fielmente con esas cosas. Sólo nos quedó la gran duda... ¿A qué se debieron esas fiestas? Otro comentario posterior pareció dar respuesta a esa pregunta: parece que festejaban siete muertos de la DEA por los narcotraficantes.”

Lavand tiene facilidad para saltar intempestivamente de una época a otra, del mismo modo que en sus espectáculos relata una historia de un tahúr mexicano y pocos minutos más tarde, después de un truco increíble, y de rubricarse la mano con glicerina, cita a la Carmen de Bizet o recita, con porteñidad mundana, los versos de Homero Manzi: “La vida es un mazo marcado/ maneja las cartas la mano de Dios”. Y Lavand preguntará, más tarde, mirando a los ojos con firmeza, como si quisiera reafirmarse algo a sí mismo: “¿Vos querés saber qué haría si pudiera volver atrás, y empezar de nuevo con mi mano derecha? ¡No la quiero! Arruinaría mi personalidad. Tener mi mano derecha sería mi total fracaso. Yo le debo todo a mi accidente”.
Su imagen de bon vivant, cultivada con el correspondiente aire de indiferencia que es aconsejable en estos casos, podría sugerir, como una de sus facetas ineludibles, una historia de seductor empedernido. Hipótesis que Lavand relativiza: “¿Bon vivant? Más que eso creo que soy un sibarita. Hago un culto del placer, aunque en la vida tengo que decir que sí, que he gozado mucho, pero también he sufrido mucho. De lo que estoy seguro es de que no soy un tipo seductor, y de galán no tengo nada. Pero tengo que admitir que alguna vez he convencido a alguna mujer con una trampa de las mías”. Debe reconocer que cayó en su última “trampa”. “Yo solía hacer un juego con unos cortaplumas. Cuando invité a comer porprimera vez a mi mujer, la labradora de mi alma, como diría Ortega y Gasset, me llevé los cortaplumas para la sobremesa. Me salió bien. Ese juego no lo hice nunca más en 19 años, que es el tiempo que llevo compartido con mi actual mujer. Me lo han pedido en muchos lugares, pero ese juego ha cumplido conmigo... definitivamente.” Y dice definitivamente con una emoción que estremece.

Ya terminando la entrevista, agradece con delicadeza que no le hayan preguntado por David Copperfield, lo cual, por efecto de la lógica periodística, conduce directamente la conversación hacia el mago más famoso del mundo. “Somos muy distintos -.dice, con una autosuficencia que se impone desde una cierta distancia pudorosa–, él hace funcionar su arte con tres millones de dólares y miles de toneladas en equipamiento, y yo llevo todo en mi bolsillo, mi mazo de naipes, que cuesta cinco dólares.” Tal vez la obscenidad de esas diferencias logísticas, emergentes de otras diferencias más profundas, hayan convertido a Copperfield en un reconocido fan de Lavand. “Fue a verme trabajar a Laussanna, Suiza. Fue exclusivamente a verme a mí, a un congreso de ilusionismo. Trabajé doce minutos para él, ante más de 1200 personas de todos los países.”

Lavand escribió libros, pero sabe que el estilo es intransferible. Sólo tiene tres alumnos: “En este caso, no es el alumno el que elige al profesor, sino el maestro el que elige al discípulo. Nada puedo enseñarles. Sólo puedo mostrarles lo que hago. Si logro transmitirles lo que es la belleza del ludismo, ya estoy compensado”. Tener alumnos, aunque sean sólo tres, parece obedecer a una necesidad de proyectar su arte, una forma, también, de asumir sus 72 años. “Juego con un margen. No quisiera caer nunca en la declinación. Espero que la experiencia, el oficio, suplan las discapacidades, la artrosis, los dolores en la rodilla, pero los años se siguen sumando.”

Si es cierto que por el solo hecho de existir todo relato es verídico, entonces Lavand es un estilista de la verdad, al punto que le da formas extrañas, parecidas a la mentira. O acaso sea al revés. René se ataja: “Un andaluz amigo mío siempre dice: No hay cosa más aburrida que la verdad, la verdad y nada más que la verdad. Si la única meta del arte es convencer al mundo de la verdad de su mentira...”. Sonríe, y remata: “No es que yo sea un tipo con cultura; sólo soy un contrabandista de frases”. La imaginería popular no debe esforzarse demasiado para fantasear con Lavand esquilmando ingenuos por el mundo, dándoles el dulce de una supuesta impericia para después destrozarlos con un par de jugadas afortunadas. Lavand, con el aire casual de los que temen provocar demasiado a su destino, admite: “Jugué mucho, pero sólo lo hice hasta que adquirí realmente habilidad. Entonces dejé de jugar, no sólo por una cuestión moral, sino porque yo asocio el juego a la emoción. Si sabés que vas a ganar, no tiene sentido jugar. Sería un vulgar ladrón”. La de él, en cambio, dice, es una mentira bella. “Hago que por un rato la gente viva de una ilusión, algo que se cotiza mucho más en estos tiempos. Mis mentiras son muy distintas a las que nos tienen acostumbrados los políticos. Las mentiras de los políticos son sucias, vulgares, se descubren fácilmente. Yo me valgo de bellos engaños sutiles como simple resultante del arte. Yo solía andar mucho por la calle Corrientes. Ahora volví a actuar a la misma avenida, pero venida a menos. Veo gente tirada en la calle, durmiendo, pidiendo comida. Prefiero acostarme temprano porque me duele mucho ver eso. Y siento impotencia, porque lo único que yo tengo para dar son esos dulces engaños, esas ilusiones, pero en este país la gente más necesitada de ilusiones no puede pagar una entrada al teatro.”

Por Fernando D’Addario / RADAR / Página 12

1-4-2001

28.11.06

Ovaciones

Iban 27 minutos y el árbitro asistente anunciaba que Gonzalo Saucedo reemplazaría a Diego Galván. El cambio obedecía a una cuestión táctica del Cholo para aguantar el partido que se estaba poniendo chivo. La pantera salió y la cancha se vino abajo. A los 31, el Chicho ratificó la confianza que le dio el técnico y con un cañonazo al medio del arco fusilaba a Campagnuolo sumándose, sin más, a la galería de próceres adolescentes que dejaron y están dejando su marca en la historia del club. Tres minutos más tarde, se indica la salida de Verón y la entrada del Chino Benítez. La Bruja levanta sus brazos y el Ciudad de La Plata tiembla, se estremece de pasión. Emociones, ovaciones, 2 a 0 y flores para Mostaza.


Festejo

Las hinchadas habían dado un recibimiento distinto a cada uno de los técnicos. Se daba la particularidad que Merlo y Simeone se encontraban con los equipos que habían dirigido recientemente. Los de Racing demostraron el afecto que todavía le guardan -o le guardaban. La hinchada pincha, herida por la traición del hombre que se tiñe el pelo de ese color tan extraño, lo recibió con hostilidad, como se merece alguien que desecha el sentimiento de un club que le había abierto su corazón. Estudiantes tiene una tradición muy arraigada por lo que le cuesta, nos cuesta, confiar en alguien que no sea de cuna pincharrata. A Mostaza le ofrecimos establecer un lazo afectivo, lo cuidamos, lo apoyamos. Pero de su parte nunca salió un sentimiento recíproco, mientras nos dirigía decía que su sueño era volver a River y a Racing, que esas eran sus segundas casas y que enfrentarlos significaba un sufrimento. Un día encontró la excusa perfecta y se rajó para River, dejándonos de garpe a dos días de empezar la Copa Sudamericana. Ahí fracasó y lo echaron y ahora parece que lo mismo está por pasar en Racing. Con el Cholo las cosas se dieron distintas: el feeling surgió de entrada, su último partido en Vélez fue contra Estudiantes, su despedida del fútbol también fue contra nosotros, y él dijo que ese día sintió algo especial cuando la hinchada pincha lo ovacionó. Como jugador, la identificación con Bilardo se dio de manera natural, practicó ese estilo de juego como estandarte de la selección, y antes de colgar los botines declaró a La Nación que su modelo de juego como técnico sería Estudiantes. El amor a primera vista se dio y parece inquebrantable. Esto se demuestra en el campañón que estamos haciendo y el grupo compacto que se armó. Se nota que hay algo más que fútbol ahí, es una comunión. El gol del Chicho Saucedo fue festejado impulsivamente por el técnico, lo que fue mal visto por los racinguistas. El Cholo explicó que es hipócrita esconder las alegrías y que su festejo era legítimo. Quedate mucho tiempo con nosotros Cholo, tomá conciencia de que ya sos ídolo en esta casa, y no es poca cosa. Dirigentes: pónganse las pilas, que no se les escape la tortuga.

Futuro

Esta campaña es espectacular, faltan dos fechas y todavía seguimos con chances de salir campeones. Nadie abandona, nadie afloja, todos estamos ahí, poniendo el pecho como siempre, aguantando con el cuero y con el alma. Pero Boca no se cae, con culo o con no se qué, pero la emboca y festeja los tres puntos. Injusto tal vez, pero de nada sirve llorar. El orgullo, la mística y la tradición rojiblanca están presentes, viven más que nunca, laten y se hacen sentir en la ciudad, en el país, en el mundo entero. De este campeonato nos llevamos alegrías inmensas, la vuelta de la Brujita Verón, el hijo pródigo que jugó e hizo jugar y que demostró que está entre los cinco mejores jugadores del mundo; luego, todos lo saben y lo sienten, el histórico 7 a 0 frente a nuestros rivales que ya son hijos, nietos. Los diez partidos seguidos, el reconocimiento unánime de que somos los mejores, la garra de siempre y el juego de nuestras mejores épocas. Pero nos faltó el campeonato -suplico equivocarme- y queda entre ceja y ceja. Queda. Y el Clausura 2007 es la oportunidad y hay que tomarla. No desmantelemos el equipo, por favor. Si se va Pavone que lo vendan bien y que no lo regalen (entre 6 y 8 milones de euros es una buena cifra). Parece que hay una oferta por los dos centrales, ellos son fundamentales en la estructura del equipo y en vistas a formar a un equipo competitivo habría que retenerlos, por lo menos a Alayes que además de defender como un león es goleador. Otro pedido a los dirigentes: pongan la guita para comprar los pases de Andújar y Galván. Con el arquero adquirimos una seguridad que no teníamos desde la época de Chiquito Bossio, creo que si jugaba Andújar y no Herrera, contra Boca no perdíamos seguro. Y de la Pantera Galván qué decir: jugadorazo, 100% pincha, atento Basile. El resto del equipo hay que mantenerlo, con oportunidades a Lugüercio, a Benítez, a Piatti, a Saucedo, a Pirchio que la está rompiendo en la Reserva, a Caballero. Lo último: te esperamos León Huerta.